Mostrando entradas con la etiqueta emigración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emigración. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de octubre de 2011

Baño de cubanía…

Tocaba prórroga del pasaporte cubano y caí temprano hoy por el Consulado. Es increíble como ese 6º piso de un edificio tan castizo, en pleno barrio de Salamanca, puede acoger un centro tan activo del más candente cubaneo. Ya al aproximarse el ascensor se siente el rumor de las conversaciones y al abrirse la puerta confirmas lo que te anunciaban los decibelios. Caes de lleno en ese pasillo lleno de paisanos de todas las edades, formas y colores, paradigmáticos muchos que te recuerdan a tantos otros conocidos… Y, naturalmente, la cola.



No es aún la cola para que te atiendan: es la cola del pasillo oscuro, cálido y de pie, durante dos horas y media, para pasar al salón de espera donde te entregan un turno de papel y puedes sentarte, entonces, a esperar la otra hora hasta que toque, ya sentada y con aire. Por supuesto, en el transcurso de la primera cola, la espera es concomitante con la incertidumbre de “si reparten solo 50 turnos” y temiendo siempre que – a pesar de que el horario es de 10:00h a 13:00h - cuando llegues a la puerta de la segunda fase salga el empleado y diga que ya se han repartido los proverbiales 50 turnos. Así que ya están tres elementos que condimentan el ambiente cubano nacional que son el bullicio, la cola y la incertidumbre.


A ellos se une el cuarto elemento: la bronca. A menos de media hora de abrirse la sala de espera se forma un nudo-tumulto en alguna parte próxima a la puerta y se oyen las expresiones “que cuando tú llegaste te dio el último la mulatica aquella…así que tú no vas ahí mi hermano”. Y la consabida expresión “Ven acá ..¿y por qué ahora hay dos colas?” Y la otra “de verdad que los cubanos donde quiera dan la nota…” Y otro por allá gritando: “Sióooo!” Es que no pude evitar levantar la vista de un 20Minutos que me ayudaba a pasar el rato y sonreír cuando escuchaba esas cosas… Sin contar las expresiones de los que salen del ascensor: “Oye aquí no hay Plan Jaba…” o “Ñó que cantidad de gente” Acompañado de los comerciales que reparten impresos de paquetería y llamadas a Cuba. El jolgorio seguía dentro, al punto de que la muchacha que atendía en la primera mesa debió salir dos veces en plan maestra de aula, a pedir silencio y recordar a la gente que debía salir a hablar por los móviles fuera y bajar la voz, para poder escuchar durante los trámites.


El ambiente es vetusto, dentro y fuera de la sala de estar, con unos carteles amarillos de Ibernacán, un gotelé más bien tirando a amarillo - gris pidiendo ya pintura urgente, una foto antigua de Varadero y una del Hotel Nacional, un anuncio con el precio despegado de alquiler de coches, un monitor que pasa imágenes idílicas de turistas en las playas de Cuba haciendo surf, al lado de una foto conjunta DinA4 de los cinco... Y una bandera.


Debo decir, sin embargo, que hoy encontré gente amable, en contraste con otras veces… Tanto el chico del control de acceso, como las tres funcionarias, e incluso el Cónsul que salió en dos ocasiones, se mostraron atentos y de buen carácter, personas amables y agradables, repito. Quizás sea una impresión, pero percibo que aquella rígida y hostil barrera entre los funcionarios oficiales cubanos y los emigrantes o residentes fuera de Cuba no lo es ya tanto. Y así debe ser…


Quizás dentro de dos años ya no tenga otra vez que faltar un día al trabajo, y esperar tres horas en Madrid, para pagar 90 euros y que mi pasaporte tenga una validez “más válida”… Quizás las barreras que digo hayan seguido atenuándose, aunque los cubanos sigan siendo cubanos y haya que decir…"Sió!”

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Nacionalidad: emigrante…Ni de aquí ni de allá

Hace unos días me llegué a Ciudad Lineal, a recoger un par de paquetes de harina de maíz y una barra de guayaba (Made in Ceballos) que me envía desde la Habana mi amiga Margaret. Sabores de la nostalgia. Y hablando con la chica cubana que me hizo el favor de traerlos, nos hacíamos las clásicas preguntas: ¿de dónde eras allá? ¿cuántos años llevas aquí? Y conversando llegábamos las dos a esa sensación de desarraigo e identidad confusa que provoca dejar tu país y recomenzar la vida en otro. No importa la edad, no importa en qué medida, cambias de ciudad, de amigos, de costumbres, la necesaria capacidad de adaptación marca (o desmarca) la identidad y tus hijos reflejan con mayor nitidez ese salto, y ya no puedes entender cómo tu hija te pregunta ¿qué cosa es la manigua? O bromea con tu acento caribeño…

Por una parte, no llegas obviamente a ser un nativo, por mucho que te comuniques en el idioma, te conozcas las fiestas y los refranes, te integres laboralmente y entiendas la esencia del temperamento local, seguirás siendo “cubano” y los códigos de comunicación siempre serán más fáciles con tus compatriotas que con las personas del entorno. Sin embargo, cuando vuelves a tu tierra, encuentras los sabores muy dulces, las voces altas, las estridencias y la inevitable desactualización que provoca no estar “arriba de la bola” durante años. Excluyo de este efecto el evidente contraste material que crea la escasez, porque no es a lo que me refiero exactamente.

Así, los verdaderos “paisanos” pasan a ser aquellos que, como la chica de Ciudad Lineal, han pasado por la experiencia de la emigración y experimentan esa sensación de no ser “ni de aquí ni de allá”, esa que compartimos tantos cubanos fuera de la Isla, los de la primera generación, claro. La vida se ocupa de inclinar hacia “aquí” la balanza de nuestros descendientes, pero nosotros, a pesar de todo siempre seremos un poco más “de allá”.

Hay sobre esto un relato simpático y de un cubaneo magistral escrito hace un tiempo por el Yoyo, amigo bloguero que anda aquí en mi perfil con su nombre real, y ha dado la vuelta a los sitios cubanos en la Web pero me encanta traerlo hoy y compartirlo, una vez más…


Vivir fuera de Cuba no es jamón

Por El Yoyo

Vivir fuera de Cuba no es jamón. Sí señor. Lo que sí he aprendido es que hay varias etapas por las que se pasa y son más o menos así:

La primera etapa: El “obstinamiento”
Todavía estás en Cuba. No tienes claro dónde vas a aterrizar, pero no importa, siempre que no veas más nunca un camello, ni el verano sin ventilador.

La cuerda floja (que si me voy, que si no me voy).
Es la segunda etapa. Los combatientes de inmigración te hacen conocer que "aún puede ser peor...”

Maratónica espera: la carta blanca, liberación, pasaporte, carta de invitación.


Acto final: Aeropuerto con tu familia. Ha sido un camino largo, todavía algo se puede joder. El uniforme de Inmigración aún te hace temblar. Finalmente, la ventanilla. Momentos de tensión, el guardia lee de punta a cabo el pasaporte como una novela, ¿qué carajo buscará?. Mira 40 veces en el espejo que tienes a tu espalda, (¡pa´ vacilarte será!). Sudas. -¿A dónde vas? -¿Por qué? -¿Visita por tres meses? -¿Y vuelves? -(Sí, espérame sentado) -Sí compañero, por supueeeesto! Finalmente el Cuño... COÑOOOO!!!

¡Un momento! ¿Y ahora por qué el avión sale con retraso? Seguro que es por mí. ¡Usted veráaaa! De seguro alguien se enteró de los 40 "fulas" al director por la firma de la liberación. (No te quejes, si taita Julián hubiera podido comprar su carta de libertad por 40 dólares, la historia de Cuba hubiera sido otra...).
Cuando el avión finalmente se separa del piso te vuelve el alma al cuerpo.

El papelazo: Esta etapa empieza en el avión.
¿Cómo se cierra el cinturón? No pides otra Coca Cola no vaya a ser que "no te toque" o la aeromoza te dé una mala contesta. Puede durar mucho aprender a usar un celular... ¿Que cosa es un Seguro? ¿Cómo sacar dinero de una Cash machine sin meter la tarjeta al revés?
¡El mundo es tan lindo! Te deslumbran los autos nuevecitos, las mujeres maquilladas, los hombres de cuello y corbata en el banco.

En Inmigración (la otra era EMIGRACIÓN), aunque no te quieran, te tratan con respeto.

Por primera vez pasas de las 150 libras pues te haces las tortillas con 10 huevos. ¿Cuánto puede durar esta etapa? No sé, pero aún no quieres ver a Cuba ni en fotografía y piensas que no te hacen falta los amigos.

El Aterrizaje (toma más tiempo de lo que muchos creen).
¡Ahora a buscar trabajo! Y... "Pasaron 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 semanas" Y na´!!! Ni de sepulturero encuentras un puesto. Conoces la ciudad de arriba abajo y no has hecho ni un amigo. ¡Te empieza a molestar la soledad y no hablar tu idioma!

Tu mente es una cabrona. Empiezas a pensar en la vieja, en el barrio, en la mesa de dominó. En los negrones que al pasar las muchachas decían cochinadas (hoy piensas que son piropos). ¡Qué simpáticos muchachones! que diferentes a estos rubios que no tienen sangre en las venas. No bastan ojos azules y 1.80... Una vez escuché Radio Reloj on line. Eran las 6:30 de la mañana en Cuba. Podía ver a la vieja levantarse e inundar la casa con el aroma de café que aunque fuera chícharo, en ese momento no querría uno mejor. Estuve como media hora oyendo el TIC TAC que me despertó cada mañana de mi vida. ¿Creerías que rompí a llorar?

La morriña: empieza cuando llega tú único amigo por el resto de tus días: El gorrión. Tarda pero llega.
Un 31 de diciembre, o el día de las madres te preguntas: ¿Y qué coño hago yo aquí? Los recuerdos te acorralan y te sacan sangre. ¡Reconoces qué lindo es tu país y su gente y que jodío te tiene la nieve!

Descubres a Lecuona, Matamoros y a Cuní. Tu libro de cabecera se llama: ¿Dónde está mi Habana? En tus CD's están El Bola, la Bourke y hasta Maria Teresa Vera. En tus DVDs: Buena Vista Social Club. Idealizas una Habana que sólo existirá en tu corazón, diferente a la mía o la de otros. La palabra "asere" ya no te suena fea.

Usarás más y más dicharachos criollos que te diferenciarán del resto de este país. Porque ahora quieres ser diferente, es más, hacer saber a todos tu origen. Te fajas con los que hablen pestes de tu patria. Te fajas con los comemierdas que dicen que la Salsa no es el Son o discuten que Salsa es esa mierda llamada New York Style. -Señor la salsa se baila sólo de dos maneras: BIEN o MAL.

La última etapa: Resignación.
Cuando dos cubanos se encuentran la primera pregunta es: ¿Cuánto tiempo llevas aquí? Como si estuvieras en prisión. Porque es verdaderamente una condena no estar en tu tierra.

Entiendes de una vez que los que estamos fuera, necesitamos más de los que están allá, que ellos de nosotros. Sus problemas se resuelven mandando unos dólares, lo que necesitamos nosotros no cabe en un paquete de correos.

Llega finalmente la esperada primera visita a Cuba.
¡Qué desilusión! Estás allá y ya no eres de allí. No conoces al grupo de moda, a donde va la ruta 222, o qué novela estén poniendo. La Habana te es más ajena que Hong Kong...

Al segundo día, si no fuera por la familia, quisieras volver a casa. ¡¿A casa?! ¿Pero no era esta tu casa?

No perteneces a ningún lugar. No existes, todo es un espejismo subreal. Como dice la canción: "No eres ni de aquí, ni de allá".

Ser cubano es una carrera muy larga, se llega por diferentes caminos y tú escogiste el más difícil.

En el aeropuerto, al regreso, esa vez no te harán tantas preguntas. Las preguntas te las vas a hacer tú... Si yo lo hubiera sabido antes. Tarda tiempo y muchas lágrimas entender cuál es nuestro verdadero lugar.

Quizás hasta el momento no hayas vertido ni una lágrima, quizás sí. Pero si ya lo hiciste, te diré como dicen en nuestros barrios: ¡Eso no es na´, prepárate pa´lo que viene!