No debe pasarme sólo a mí, pero lo cierto es que cada titular de noticias con medidas “liberalizadoras” en Cuba genera una avalancha de preguntas, sorpresas…incluso bromas en el entorno del trabajo. Es difícil para mis compañeras entender el alcance de “Se autoriza la venta de medicamentos en cualquier farmacia” ¿Qúe pasa Bea, que sólo podíais comprar en la del barrio?
Algo parecido a lo que me sobrevino con los primeros anuncios de liberación de ventas de equipos electrodomésticos y PCs, me preguntaban sobre cómo vivía la gente hasta entonces…En un intento de explicar nuestra realidad suigéneris (y jodida por qué no) les digo que muchos tienen equipos de antes, de la otra época que eran buenos, y también de cuando los distribuían por los centros de trabajo, los que traían los marinos, o porque alguien se los enviaba desde fuera, o algunos que se compraban ya en las tiendas en divisas, qué se yo, las mil y una maneras de resolver. Pero ahí llegaba la pregunta recurrente ¿vale, y si por ejemplo se te estropea la plancha o la secadora, entonces qué haces, no puedes ir a la tienda a comprar una? ¿hay una lista de “equipos autorizados”, qué rollo, no?
¿Y qué pasa, que nadie tiene “ordenatas” en Cuba? Más de lo mismo…muy bien por los Joven Club, por el Palacio de Computación, y por los buenos informáticos que salen de la educación superior, pero es tarde para este titular “se vende la primera computadora personal a un particular” Había un componente “irregular por definición” para todo aquel que tuviera una PC en casa. En un país que por norma pública rinde culto a la educación y al conocimiento. Inexplicable.
Pero lo que de verdad generó más animación a mi alrededor fue lo de autorizar a los cubanos a utilizar libremente las instalaciones hoteleras y los servicios turísticos. Nos parece evidente, pero causa sorpresa a la gente común de cualquier otro sitio que una persona no pueda pasar una noche en un hostal, en su propio país. El dinero no tiene color, se supone que las usa el que quiere y puede. Con toda franqueza les contaba que sí, que estuve en el Nacional y el Habana Libre cuando me casé hace una pila de años, ….y que luego no me empaté con ninguna otra noche de hotel hasta que logramos pasar un par de días en Cayo Guillermo, medio clandestinos a través de una compañía, con lo cual casi nos buscamos un problema…Saco de aquí los viajes de trabajo, que no valen porque pertenecen a otra categoría y son casuísticos.
En fin, que dependiendo del estado de ánimo, me involucro en dar explicaciones que hagan menos extravagantes estas medidas…Es incómodo, pero en algún momento hay que pasar el umbral del orden arbitrario, del mundo de contrastes que se vive en Cuba a un orden de cosas más en línea con el resto del primer y del tercer mundo (que tampoco soy lunática), porque a largo plazo esos contrastes se vuelven inmanejables. No hay policías, se traen de otras zonas. No hay enfermeras, se traen de otras zonas, no alcanzan los maestros dispuestos a dar clases, se emplean adolescentes…los empleados de servicio no tienen escrúpulos y roban, se sustituyen por jóvenes, que pronto será el doble de inescrupulosos…Al final la Habana está llena de albergues emergentes y de jóvenes desplazados de su área geográfica, de su entorno familiar.
Es tarde para vender machetes, rastrillos y guatacas…La reactivación agraria tiene que ser profunda y estructural (por cierto
papasxmalangas ha posteado un artículo cuidadoso pero reflexivo de un investigador cubano sobre el problema económico cubano
http://papasxmalangas.blogspot.com/2008/04/el-problema-economico-de-cuba.html ). La reactivación agraria necesita tener una plataforma clara de los errores que se arrastran por décadas y las soluciones de más alcance, como el sistema de remuneración por sectores (ganadería, maderero, agroalimentario), la flexibilidad en los cultivos, el estímulo al productor que existe en todo el mundo, la diversidad de formas de propiedad, la mayor reinversión productiva, que está demostrado que funcionan...
Lo otro me parecen caricaturas de medidas, no por su naturaleza sino por la etapa que vivimos ya, como curitas - vuelvo al símil - para un enfermo terminal. Aquí me abandona mi tradicional optimismo...