No hay alternativa, aunque otra madre me dejase los de sus hijos, del mismo colegio y el mismo año vencido, no me permiten utilizarlos porque - sugerentemente - los programas de las asignaturas siempre introducen ligerísimos cambios cada curso, de manera que los del anterior se vuelvan inservibles. Todos, casualmente, cambian.
Hace un par de años, las grandes superficies ofrecían descuentos del 25% por reservarlos con antelación y el desembolso se minoraba en la cuarta parte. Pero eso tampoco es permitido ya. Con suerte, algunas familias numerosas, o aquellas donde uno de los padres no trabaja ni ingresa, recibes cheques compensatorios de algo más de 100 euros, al igual que los discapacitados. Pero como caigas en la inmensa mayoría de los padres que trabajan los dos y tienen un solo hijo en edad escolar, como no estés en situación de exclusión social, pues a engrosar los estados de resultado de las librerías, las editoriales y todos los involucrados en la cadena comercial de textos escolares. La competencia de las editoriales Anaya, Santillana, Edebé, SM…es fuerte, todas quieren un trozo del pastel de los programas educativos de cada curso, y se nota que están “repartidos”. No tengo dudas de que es un negocio rentable, al que concurren varios millones de clientes cautivos.
La primera gran paradoja es que luego, a lo largo del curso, abundan en la escuela las exhortaciones a la economía de recursos básicos y a cuidar el medio ambiente. La litografía y la calidad del papel de todos esos textos “desechables” es de lujo, excelente. Jamás tuve de chiquita libros como los que usa mi hija, en presentación quiero decir, que en contenido no es tal la diferencia, que conste. No estoy segura de que empleen papel reciclado en todos los casos para lograr esa extrema calidad. ¿Cuántos árboles por ahí hacen falta para mantener la voraz energía editorial cada nuevo curso? No lo sé, pero deben ser unos cuantos, sumando energía y otros costes, un tremendo desembolso que luego, márgenes por medio, claro, se repercute a los bolsillos de los padres, ya de por sí castigados por el IPC y el Euribor, dicho sea de paso. Todo para que la utilidad de estos bonitos libros expire en junio…y vuelta a empezar. Da igual que el hermano mayor los haya cuidado y estén intactos, hay que comprarlos nuevos para el otro septiembre. Con lo simple que sería reutilizar los textos a nivel de escuela, como se hace en muchos sitios. Cuba uno de ellos, por necesidad.
Una segunda paradoja: Los maestros no permiten escribir ni resolver ejercicios sobre los libros, aún cuando se indique en el texto y sean soluciones de enlazar o completar! O sea, a ver si me lo explico yo misma: gasto 30 euros en un libro, que no servirá para nada cuando termine el curso, más que para usarlo como papel reciclable (en el mejor de los casos)…y encima, no es posible escribir soluciones sobre él durante el curso! Inexplicable. Solo puedo comprender que tal prohibición responde a la inercia de los tiempos difíciles, cuando se reutilizaban los libros en familia, extendida a los nuevos tiempos de abundancia de papel en que siempre se estrenan en septiembre.
La tercera paradoja es que esto no pasa en toda España por igual. Hay cuatro Comunidades donde los libros de texto son gratis (Castilla-La Mancha, Aragón, Galicia y La Rioja). ¿Por qué a unos les da la cuenta y a otros no? Estas comunidades emplean el sistema de préstamo de libros, de forma que son utilizados por varios alumnos en años sucesivos, siendo renovados cada cuatro años, salvo los libros correspondientes a 1 y 2 de Primaria que se renuevan anualmente. Otras comunidades que optan por la reutilización de los libros son Canarias y Andalucía, aunque no en todos los niveles de educación obligatoria.
Creo que es necesaria la gratuidad de los libros en todas las regiones para evitar esas desigualdades y conseguir que la vuelta al cole sea más asumible. Según El País, en España la vuelta al cole tiene un coste medio de 821 euros por niño, aunque hay grandes diferencias “los padres de alumnos castellano-manchegos y gallegos tendrán el retorno a las aulas más económico de España, mientras en el otro extremo, los bolsillos de las familias madrileñas y catalanas serán los que más se resientan”. Ya lo creo.
















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