miércoles, 5 de enero de 2011

Gaspar, Melchor, Baltasar ...luces, caramelos, y aquel intento

Espero que las cigüeñas en lo alto de sus nidos no se hayan asustado con el estruendo, ni los bebés, que había muchísimos viendo la Cabalgata, cuando el cielo de la plaza Cervantes se llenó hoy a las 8 de fuegos artificiales, ruidosos pero muy bonitos a la vista…

Fue el cierre de la tradicional Cabalgata de Reyes Magos del 5 de enero, que esta vez, a pesar de la lluvia, fue muy concurrida en Alcalá, en público y también en carrozas, comparsas y espectáculos callejeros. Los caramelos eran todos de gelatina (al parecer porque un caramelo duro lanzado desde 2m de altura puede hacer daño), gominolas envueltas lanzadas desde las carrozas, que la verdad es que despertaban el mismo entusiasmo por cogerlas a niños que a mayores.

Algunos daban la vuelta a los paraguas para “fildear” más caramelos y uno de esos proyectiles dulces casi fue a dar al lente de mi cámara. En el balcón del Ayuntamiento aparecieron al final Gaspar, Melchor y Baltasar con una pequeña alocución, celebrando la cabalgata, el nuevo año y anunciando su labor de repartir mañana regalos.

Recuerdo siempre que veo este lanzamiento masivo de caramelos por las calles, aquella desafortunada cabalgata organizada en estas fechas de 2001 por la embajada española en la Habana. El molote tras los caramelos, como era de esperar (y como sucede aquí también), fue descomunal… "Compañero, compañero, yo no he cogido caramelos", gritaban los niños al disputarse los dulces lanzados por los funcionarios de la embajada española disfrazados de Reyes Magos.

Viendo las cabalgatas en Alcalá comprendo ahora mejor aquella iniciativa, aunque creo que no fue una idea feliz, ciertamente, traspolar una tradición peninsular que no tiene arraigo en la isla, menos cuando cualquier golosina tiene allí un valor mayor y es mejor regalarlas de otra manera.

Pero creo también que la reacción de las autoridades cubanas fue desproporcionada, calificándola de grosera provocación y ultraje, de humillación a los niños por “mamarrachos disfrazados” y de “imponer la ley de la selva por un puñado de baratijas”, todo en el marco de relaciones diplomáticas tensas en aquel momento. Ni una cosa ni la otra. Es simplemente una tradición, que inoportunamente se intentó traspasar al Paseo de Prado, cuando allí es más genuino el desfile de otras carrozas, más tropicales, de congas y comparsas en lugar de pasacalles y villancicos. Cada uno con su propio valor y arraigo.

Cuanto gana la política cuando incorpora el ingrediente de la objetividad y el respeto. Y al revés, cuanto pierde.

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1 comentario:

la margarita mia dijo...

que este nuevo año venga cargado de cosas buenas para ti y los tuyos, cuidate y saludos.