domingo, 25 de mayo de 2008

Las tardes “de toros”

Aunque me cuesta comprender ese gusto por desafiar al toro con capa, estoque y banderilla, reconozco que las corridas son parte de la más arraigada tradición española, todo un despliegue de actividad social y del costumbrismo más castizo. Como mi oficina queda ahora en las inmediaciones de la plaza de Las Ventas, he notado enseguida la animación por el comienzo de la temporada taurina, en ocasión de las fiestas madrileñas de San Isidro.

Siendo un barrio tranquilo en días normales, notamos cómo estos días sobre las cinco de la tarde empieza a percibirse el run run incrementado del tráfico en la calle Roma, comienzan a oírse los claxons en las colas para entrar a los parkings, el ruido de la gente conversando en la aceras, entonces ya lo sabemos…hay toros. Las Ventas, la misma plaza en que Ava Gadner y Ernest Hemingway disfrutaron de la Fiesta, se llena de gente que espera disfrutar el espectáculo, pleno de de color y tradición.

Los bares y cafés de los alrededores se llenan tanto como los parkings, la gente sale con los vasos de cerveza o de tinto a fumar y conversar en las terrazas y la acera, esperando que empiece la corrida. En muchos de esos cafés se vende como plato típico rabo de toro en salsa, que se dice proviene algunas veces de los toros abatidos en la plaza.

Tropiezo al salir con gente que viene desde todas partes de Madrid a disfrutar del espectáculo, muchos tienen abono para toda la temporada, tal es la pasión. Los hay muy distinguidos, señores engalanados con sus americanas de botones metálicos y señoras del brazo con perfumes, peinados caros y trajes para la ocasión. Muchos retirados típicos, con sus canas engominadas y sus chaquetas, solos o en pareja, que me recuerdan la expresión del “guajiro endomingado”. Casi todos con su bolsita con algo para beber y picar, y el clásico cojín de rayitas para acomodarse en la grada. Vienen a los toros los ejecutivos en plan de ocio, fumando habanos caros, que es lo suyo. Turistas hay montones también.

Voy entrando al metro y lo hago a contracorriente, porque los vagones vienen repletos y sube por las escaleras un aluvión de aficionados que desemboca en la plaza, incluyendo también algún que otro grupo pequeño de de jóvenes.

Todo para que a las 7 salga el diestro y salga el toro, asustados y bravos los dos, a que la multitud vea el duelo hombre-animal, en un espectáculo que me parece una versión reminiscente de los antiguos circos romanos. En estos días de mayo se vive cada año aquí la feria taurina más importante del mundo con los toreros más famosos en cartel. Y luego al terminar, también hay tertulias dentro sobre los lances, la oreja cortada, los detalles todos de la corrida. En fin, todo un ritual que perdura y se repite año tras año.

No quiero ser parte de la polémica en torno a esta costumbre, y a todo lo que gira a su alrededor, creo que llegará un momento en que se toree en España sin rematar a los toros, como ya sucede en otros países. Mientras tanto, que corra la adrenalina, en el ruedo y en las gradas, que humeen los habanos y que luzcan sus trajes las señoras.

2 comentarios:

El isleño dijo...

Fabuloso el post, Betty... debe ser impresonante de todas formas, incluso cuando uno lo desapruebe.

Realmente lo más cerca que he estado de estos espectáculos es que a veces, en visitas a Madrid, me he alojado en el mismo hotel donde muchos de ellos acostumbran a hospedarse (uno de los Foxá, cerca de la estación de Chamartín)... Allí, en ese hotel, el espectáculo taurino se vive tan naturalmente que es increíble como uno se adentra en el... todas las paredes de áreas comunes están decoradas con fotos, pinturas o esculturas de toros o de la lidia, hay por doquier los gorritos, capotes, ropas, zapatillas que han utilizado toreros famosos... sencillamente lo viven. Es interesante porque uno está comiendo algo con un socio que 2 horas después lo ves en la TV aclamado por miles de gentes en Las Ventas... A una amiga mía, italiana por más señas, le chocaba tanto eso que hasta salía a pedirle autógrafos a los toreros que se alojaban en el hotel cual estrellas del pop o del rock!!!... amazing!!!!...

Betty dijo...

Sí, asombroso Isleño, la crónica social que generan los toreros es amplísima. Se mezcla con otros sectores de la farándula folclórica, la fórmula es torero-chica modelo o torero-cantante ;-))) Hay extranjeros que le llegan a coger el gusto, es estudian estos temas taurinos y vienen expresamente cuando empieza la temporada a ver determinadas corridas, nada que para gustos los colores y las aficiones, salu2